Turistas y restaurantes, relacion problematica
Uno de los problemas más serios que se encuentran los turistas, al recorrer una ciudad, es que las zonas que ellos suelen visitar se destacan por tener precios bastante elevados. Esto se verifica sobre todo en los restaurantes, que suelen tener costos mucho más altos en las zonas más turísticas que fuera de ellas. Hay varias razones para llegar a esa situación. Por un lado, suelen aprovecharse de la poca información que tienen los visitantes, y que nos les permite elegir otros lugares cercanos con precios más razonables. La segunda, del lado de los que manejan los restaurantes, que por lo general los costos de alquiler en zonas turísticas suelen ser más elevados.
Pero hay otro punto no muy simpático en el tema de los restaurantes en zonas turísticas: como sus ventajas están en su localización y en la poca información que cuentan sus visitantes, no suelen tener demasiados incentivos para brindar un producto acorde con lo que cobran. O sea: el turista paga cara una comida mediocre. A eso hay que agregarle otro punto: difícilmente el turista vuelva. Mientras que con el habitante local hay que hacer todo lo posible para transformarlo en cliente habitual, con el turista eso no pasa.
Frente a estos problemas, como turistas podemos tomar una serie de medidas para intentar bajar los gastos:
1) No comer en las zonas más turistificadas. No tan simple por el tema de los tours, pero razonable medida si planificamos bien
2) Alejarse un par de cuadras de los lugares turísticos. Esa simple medida les permitirá conocer lugares que ni aparecen en las guías, y que son visitados por personas del lugar, y que desde ya cuestan menos -o al menos son mejores.
3) Almorzar en zonas con muchas oficinas o empresas. Los que comen todos los días fuera de casa por razones laborales suelen ser muy sensibles a los precios. Por ello, a la hora del almuerzo no es difícil conseguir un menú o platos a precios reducidos. Algo que no pasa a la hora de la cena.
4) Chequear si hay muchos habitantes locales. Si es así, hay más probabilidades de que la comida se encuentre a precios razonables para la ciudad que visitamos. Si, en cambio, está lleno de turistas, preparen la billetera.
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