Viajar todo el tiempo
Para muchos, viajar significa moverse en el espacio. O sea, que como experiencia arranca en el momento en el que ponemos el pie en el micro o el avión, y termina en el momento en que comenzamos el camino a casa. Pero, en realidad, esa experiencia del viaje arranca mucho antes, desde el momento en que comenzamos a pensar que nos gustaría conocer ciertos lugares. Esa idea luego puede tomar la forma de preparativos para el viaje.
Analizar costos, evaluar su impacto en nuestros ingresos, sacar los pasajes, revisar nuestro listado de destinos “prioritarios”, comenzar a buscar información, armar las mochilas o las valijas. Ese proceso de preparativos es tan parte del viaje como el traslado mismo. Y puede tomar años en desarrollarse por completo, ya que entre las primeras fantasías de visitar un sitio y la concreción del viaje pueden pasar muchos años.
A la hora de comenzar a preparar el viaje, tenemos claro que debemos obtener información. Así, comenzamos a revisar páginas en Internet, comprar guías de viajes y revistas especializadas, charlar con amigos que hayan visitado la zona… Pero es distinto cuando tenemos que reconstruir el proceso que nos ha llevado a pensar que queremos visitar un destino.
Y es que las razones que nos llevan a pensar que queremos llegar hasta cierto lugar son muy complicadas de rehacer. En el fondo de nuestras razones pueden existir múltiples motivadores: fotos en una revista; una película que pasaba en ese lugar; haber conocido a una persona que vive en esa zona; entre muchas posibilidades. Suele ser bastante complicado reconstruir el camino de nuestras decisiones; por lo general, ni siquiera nos lo preguntamos. Sabemos que queremos visitar ciertos destino, y eso nos basta.
¿Ya decidiste cuál será tu próximo destino? ¿O por ahora te quedás en casa ahorrando para hacer el gran viaje? Podés dejar tu comentario debajo.



