No todos somos viajeros
Si a ustedes les gusta mucho la comodidad y la rutina, difícilmente se hagan demasado fanáticos del viaje. Porque salir de casa te lleva a correr ciertos riesgos. Cambiar de comidas y rutinas, convivir largas horas con personas desconocidas, y pasar un buen rato en aviones o micros. A muchos ese contacto les causa mucha incomodidad. Por ejemplo, hay personas que no pueden acostumbrarse a compartir habitaciones, usar baños desconocidos, cargar mochilas pesadas. En el viaje, no tienen muchas alternativas, salvo que tengan tanto dinero que puedan comprar los servicios más exclusivos, Pero ya sabemos que la gran mayoría tenemos que conformarnos con las propuestas estándar de turismo.
Entonces: para poder viajar, hay que acostumbrarse a las nuevas rutinas, o pasarán días poco placenteros lejos de casa.
Los pesares del viaje pueden ser peores cuando viajamos con poco dinero y en plan mochilero, con carpa, y obligados a usar baños de estaciones de servicio o bares, con acceso intermitente a una ducha o cualquier otro método de higiene. Muchos descubren en ese punto que no quieren saber nada con eso de ser mochileros, y que la próxima se irán a una playa a pasar 15 días tirados bajo el sol, sin preocuparse por nada.
Y también está el tema del peso de la mochila. Es un tema importante. Si no se planifica bien, se termina llevando sobre las espaldas un peso demasiado grande. Al final, lo que sucederá es que algunas personas terminarán dejando en cualquier lado sus pertenencias, o regalando parte de su equipaje para andar más livianos.
Pero hay algo muy interesante en ese contacto diario con las personas, cuando debemos viajar a la manera de mochileros. Allí encontramos un lado de las personas al que no podemos acceder en otras instancias. Nos vemos enfrentados a sus manías, obsesiones, miedos, y también a otros temas conflictivos cuando se viaja en grupo, como la tendencia a querer sacar ventaja siempre, o no colaborar con los demás.
Aquello de que “viajar es aprender” tal vez parezca un cliché. Pero nos puede hacer recordar las razones de nuestro gusto por estar en movimiento. A veces, para aprender, hay que salir de casa y correr algunos riesgos. Y arreglarnos con el dinero que tengamos a mano, aunque no parezca mucho ni nos permita comprar los servicios más exclusivos.












