Clasificacion de viajeros molestos
Viajar puede ser hermoso. Conocer lugares nuevos, personas, comidas, paisajes, es algo que siempre aparece dentro de nuestras expectativas. Pero todo tiene un lado malo, y a veces es posible que ese viaje tenga momentos poco felices gracias a que nos ha tocado como compañero a alguien que nos termina arruinando parte de la experiencia. La idea de esta entrada es resumir algunas de las categorías en las que caen estos molestos viajeros.
El enfermo crónico: todo le cae mal: la comida, el agua, lo que sea. Al parecer, el aire del lugar ya lo enferma. Se la pasa quejando de su pésimo estado de salud. Mejor decirle que se vuelva a casa a buscar un hospital.
El que no ahorró un peso: un buen tiempo planificando el viaje, y a la hora de salir, nos encontramos con que alguno de nuestros compañeros de viaje sale casi sin un peso, sin avisarnos con anticipación del tema. Cuando querramos ir a algún lado, o le pagamos la comida / la excursión / el pasaje, o lo abandonamos por ahí, con el correspondiente cargo de conciencia. Si bien su presencia nos permitirá ahorrar dinero, ya que no haremos muchas cosas justamente para no cargar con su gasto, a la larga nos arrepentiremos de no haber visitado ciertos lugares sólo por no tener que pagar un poco más.
El comparador: compara todo lo que ve con lo que pasa en su país, donde al parecer la vida es perffecta. “Que desastre, esto donde vive no pasa” es una frase de su estilo.
El que quiere ver todo: está todo el tiempo apurado para ver 18 lugares en un sólo día. Apenas llega a un lugar, ya quiere irse a otro lugar al parecer fascinante, sólo porque una guía de viajes dice eso.
El excesivamente cuidadoso: los que tiene asco de todo. Que los baños están sucios, que el micro huele feo, que hacen mal la comida… Se queja todo el día, y harta rápido a los que tiene alrededor.
El antisocial: nos acompaña a todos lados, pero no quiere conocer a nadie. Cuando a comenzamos a hablar con cualquier persona, comienza a mirar para todos lados con cara de aburrido. Para peor, después nos quiere hacer sentir culpables por ser capaces de socializar.
El extremista de la limpieza: variante del extremadamente cuidadoso, este viajero está todo el tiempo atento a que los alimentos que ingiere tengan sello hasta de la ONU. No quiere comer nada en la calle, ni en restaurantes que no brillen bajo la luz del sol, ni quiere tocar cualquier comida por el simple hecho de que una mosca pasó a cinco metros de ella. Se pierde todo lo bueno del viaje, no come un montón de cosas ricas, y nos vive dando lecciones acerca de lo irresponsables que somos.
El mochilero extremo: no quiere gastar un peso en nada. Es capaz de saltar alambrados para dejar su carpa en cualquier lugar con tal de no pagar unas monedas por el cámping. Está dispuesto a llegar a dedo hasta Alaska antes que tomar un micro y soltar unos pesos. Pretende que los lugareños le den todos los servicios gratis, sólo porque es un viajero buena onda. Logra que finalmente nos quedemos en el alojamiento más caro del lugar con tal de no verlo más.
El que se las sabe todas: viajó al parecer por todos lados, y se la pasa alardeando de ello. Todo el tiempo nos deja en claro que tiene mucha más experiencia que nosotros.
La imagen que abre la entrada fue tomada por *Solar ikon* y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.



El peor es el que llega a una país y comienza a hablar el idioma de allí a la “argentina”. Pasa mucho en Brasil con los argento y son muy molestos
Comentario by Erik — Septiembre 1, 2008 6:59 pm
La queja más común que escuché en Brasil es que los argentinos no se preocupan en hablar portugués ni aprender nada. El caso que citas, Erik, da cuenta de personas que al menos se esfuerzan por aprender el idioma. Tampoco da para quejarse de todo…
Comentario by Jorge Gobbi — Septiembre 1, 2008 7:56 pm
Yo me fui a hacer la ruta del Inca con mi novia, y ese es el compañero más molesto
Comentario by Norberto — Septiembre 2, 2008 12:03 pm